Red de mercadeo, El costo de la fortuna
En la naturaleza vemos que los árboles y demás plantas y animales no hacen ningún esfuerzo por alcanzar el potencial con que nacieron.
Hay una diferencia abismal en el hombre. A pesar de que nació con todo lo necesario para alcanzar todo su potencial, sucede algo contradictorio en las primeras etapas de su vida que lo privan de lograr el ser maravilloso que lleva.
En la naturaleza vemos que los árboles y demás plantas y animales no hacen ningún esfuerzo por alcanzar el potencial con que nacieron.
Hay una diferencia abismal en el hombre. A pesar de que nació con todo lo necesario para alcanzar todo su potencial, sucede algo contradictorio en las primeras etapas de su vida que lo privan de lograr el ser maravilloso que lleva.
Solo en las etapas iniciales de su niñez alcanza el máximo de felicidad y luego el ser natural lleno de sueños y fantasías, creador y buscador de acción da paso al ser social, con reglas, moral, pecados, temores y pensamientos arraigados de su medio.
Vemos una persona que si en su niñez era muy activo y alegre pronto a tomar acción y desafiar el mundo por lograr ganar, en su juventud es apagado y reacio a emprender acciones de éxito, prevalecen los temores, el sentido de seguridad social y no la curiosidad natural.
Desecha por dictamen mental, califica, y se posesiona en su círculo de comodidad. Lo habituado ejerce un poder de realidad y todas las formas de transgredir dicha realidad ocasionan miedos y se frustra continuamente un avance.
Cuando asistí al gimnasio, hace algunos años, éramos 50 inscritos que recién comenzaban. Todos queríamos lograr una excelente musculatura, algunos por vocación deportiva otros por ego social. En la primera ocasión el instructor pregunto, ¿Quiénes quieren tener este cuerpo? señalando la imagen del ultimo mister universo.
Todos teníamos el propósito, pero cuando el instructor explico el precio de lograrlo, ejercicios, alimentación, constancia, determinación, enfoque; muchos sentimos que era muy difícil y pensamos que nuestras fortalezas no eran suficientes.
Después de la tercera jornada de entrenamientos algunos faltaron, el instructor había dicho que después de 5 años podríamos esperar un cuerpo más o menos parecido. Las jornadas eran verdaderas batallas de fuerza, alimentación, disciplina. A los seis meses éramos 30, al año me retire, éramos 17. Al cabo de 5 años quedo solo uno, el único que logro, y luego también abandonaría, era demasiado el costo de ser un físico culturista.
Ahora cambiemos la palabra gimnasio por la de escuela de inversionistas, y lograr el cuerpo musculoso por ser inversionista.
A las primeras instrucciones muchos se retiraran, y siga…
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